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Felipe VI advierte a diputados y senadores: «España no puede ser de unos contra otros, debe ser de todos». (www.20minutos.es)

DANIEL RÍOS, 03.02.2020.

El rey pide «respeto recíproco» entre los partidos y Meritxell Batet recuerda que «en el Parlamento no existe el enemigo».

Felipe VI reivindica la Constitución como una herramienta «respetuosa con nuestra pluralidad y diversidad territorial».

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«Llega la hora de la palabra, del argumento y de la razón» porque «España no puede ser de unos contra otros, España debe ser de todos y para todos». Con esas palabras, el rey Felipe VI dio por solemnemente inaugurada la legislatura en el Congreso mediante un discurso en el que hizo una defensa de la Constitución y en el que advirtió a diputados y senadores de que la «concordia» y el «entendimiento» son palabras que deben «recordar, preservar y hacer prevalecer».

Las palabras del Jefe del Estado –sucedidas por un largo aplauso de la cámara– no son baladí en un inicio de la legislatura marcado por la polarización política y la durísima oposición que, por el momento, han puesto en marcha las formaciones de la derecha contra el nuevo Gobierno. Felipe VI recordó que las Cortes deben actuar «a través de la reflexión, el debate y el diálogo» y pidió «respeto recíproco» para «el mejor servicio a los españoles».

«La esencia del parlamentarismo es el acuerdo, como también lo es el ejercicio del control político por la oposición. Pactar y controlar, acordar en unos asuntos –y disentir en otros– son consustanciales a nuestro régimen parlamentario, en el que la diversidad de ideas y opiniones va unida al común respeto a nuestros valores constitucionales» —afirmó el rey.

Y es que, durante su intervención, las menciones de Felipe VI a la Constitución –que calificó como «la base más firme con la que España ha contado en nuestra reciente historia»– fueron constantes. El monarca aseguró que la Carta Magna ha sido «el lugar de encuentro de todos los españoles», con «diferentes modos de entender y sentir España«. Y la reivindicó como una herramienta «con una inequívoca vocación integradora e incluyente, a la vez que respetuosa con nuestra pluralidad y diversidad territorial».

No fue ese el único guiño del Jefe del Estado a la crisis territorial que atraviesa España, de la que se enorgulleció de que sea «una misma realidad histórica y política» basada en «tres pilares esenciales»: los que la configuran como Estado «social», «democrático» y «de derecho». Con ellos —dijo— «ese diálogo y esa voluntad de entendimiento cobran todo su sentido».

Felipe VI también se refirió a la crisis de confianza que experimentan los ciudadanos en las instituciones y mostró su deseo de que la legislatura «sea provechosa» y «sirva también para recuperar y fortalecer la confianza» en los poderes del Estado. Para ello —dijo— la «concordia», la «reconciliación», el «entendimiento», el «respeto» y la «libertad» han de «prevalecer», como lo hicieron en la transición.

Batet: «En el Parlamento no existe el enemigo».

Antes de que interviniese Felipe VI, la presidenta del Congreso –Meritxell Batet– lo introdujo a través de un discurso en el que reivindicó, en la misma línea, que «en el Parlamento no existe el enemigo». «La democracia no es ni puede ser exclusión», señaló Batet, que insistió en que «a cada diputado corresponde la representación de todos los ciudadanos y, por tanto, también de quienes votaron a cualquiera de las otras formaciones».

Para defender esa idea, la presidenta del Congreso –que pidió vivas al rey y la Constitución al final de su intervención– recurrió al dramaturgo clásico griego Sófocles, de cuya tragedia Antígona rescató una cita. «Como Hemón recuerda a Creonte», apuntó Batet, «solo en un desierto podrás gobernar perfectamente en solitario».

«Las democracias son sistemas políticos abiertos a la integración de todos y al cambio», pero «no hemos cumplido siempre con este mandato fundamental de la democracia: la consideración del otro» —lamentó la dirigente, que pidió que en la nueva legislatura las Cámaras alta y baja sean «un ejemplo de la voluntad de compartir desde el derecho a discrepar». «Para ello» —advirtió— «necesitamos respeto y generosidad».

Asimismo, Batet hizo una defensa tanto del rey como de la institución monárquica y lo felicitó por «mantener, sin excepción, su posición institucional, superadora de la legítima dinámica de competencia entre partidos políticos y ser permanente referencia de los valores constitucionales compartidos y de la vocación de diálogo y consenso».

Sin mención expresa a Cataluña

Batet no hizo referencia expresa a la ausencia de los diputados de y negaron la «legitimidad» del rey. Pero sí que felicitó a Felipe VI por «evitar el peligro» de la «apropiación partidista y excluyente» de la monarquía y aseguró que las críticas contra la institución, lejos de debilitarla, «contribuyen a su fortaleza» si están «expresadas respetuosa y razonadamente».

Tampoco hizo Batet mención explícita a la crisis territorial de Cataluña, aunque sí señaló la necesidad de «restablecer consensos, políticos, sociales y territoriales». «No es fácil hacerlo pero sólo será posible desde el compromiso y el esfuerzo diario, desde el reconocimiento del otro y su consideración, siempre en el marco de los procedimientos democráticos y de la observancia de las leyes« —resaltó la presidenta.

Entre estos procedimientos no se excluye —por lo que dijo Batet— una reforma constitucional, ya que la presidenta abogó por «abordar sus objetivos pendientes y enriquecerla con nuevos consensos propios de nuestro tiempo». «No estamos aquí ni para crear problemas que no existen ni para ocultar los que existen: estamos aquí para dar respuesta a los cambios en nuestro mundo y en nuestro país» —avisó.