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Turquía mantiene una operación secreta para detener a opositores en el extranjero, con espías y deportaciones en jet privado. (www.eldiario.es)

— El Gobierno de Erdogan lleva meses lanzando operaciones secretas en el extranjero para detener y devolver a Turquía a miembros del movimiento opositor Gülen.

— El episodio se ha repetido en varios países: las autoridades locales se encargan de la detención, nadie es informado y las víctimas son trasladas directamente al aeropuerto.

— El Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenó a Moldavia por acceder a la deportación ilegal de cinco ciudadanos turcos «para que no tuviesen la posibilidad de defenderse».

Javier Biosca Azcoiti, 09/12/2019.

Osman Karaca –residente en Camboya– fue detenido cuando estaba haciendo una operación rutinaria en el banco en la capital, Phnom Penh, el pasado 14 de octubre. Nadie volvió a saber nada de él hasta cinco días después, cuando los medios turcos lo mostraron detenido en Turquía acusado de terrorismo. Según ha podido confirmar eldiario.es, Karaca –que tiene la doble nacionalidad turca y mexicana– es seguidor del Movimiento Gülen, a quien el presidente turco –Recep Tayyip Erdogan– acusa del intento de golpe de Estado en 2016 (que acabó con más de 250 muertos).

«Karaca fue detenido por la Organización de Inteligencia Nacional de Turquía (MIT) en el extranjero y devuelto a Turquía» publicó la agencia estatal Anadolu el 19 de octubre. Entonces, en Camboya, todavía nadie se había pronunciado. Dos días más tarde, el 21 de octubre, el portavoz de la policía –Chhay Kim Khoeun– declaró ante los medios y confirmó que Karaca había sido detenido el 14 de octubre por agentes camboyanos y entregado a las autoridades turcas.

Lo ocurrido en Camboya se ha repetido en varios países en los últimos meses y responde al patrón de comportamiento de las operaciones secretas de Turquía contra opositores en el extranjero. Como ha ocurrido en el caso de Karaca, en muchos casos las autoridades locales colaboran con los servicios de inteligencia turcos pero esta colaboración no convierte en legal la operación.

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenó en junio de este año a Moldavia por participar en una de estas operaciones. Del mismo modo, tribunales kosovares también han decretado que la operación llevada a cabo en su territorio en 2018 no respetó el debido proceso.

Kosovo: «Ganamos en los tribunales, pero ya no podemos hacer nada porque todos están en Turquía«.

El 29 de marzo de 2018, entre las siete y las nueve de la mañana, seis ciudadanos turcos con permiso de residencia en Kosovo (a uno de ellos se le había caducado y estaba en proceso de renovación) fueron detenidos por la policía kosovar e inmediatamente trasladados al aeropuerto. Allí les metieron en un avión privado turco y fueron devueltos a Turquía. No tuvieron acceso a un abogado ni a contactar con la familia. Desaparecieron.

Uno de ellos era Cihan Ozkan, profesor en uno de los colegios asociados al Movimiento Gülen. La policía kosovar irrumpió en el colegio donde trabajaba y fue detenido junto a otros dos colegas. Leo Trim Syla –su abogado en Kosovo– recibió entonces de golpe muchas llamadas de los amigos y compañeros de trabajo de Ozkan. «Fuimos a la comisaría y solicitamos información, pero la policía nos dijo que era una operación en marcha y que no nos podía dar detalles hasta que acabase» —cuenta el abogado a eldiario.es.

«No pasaron por ningún centro de detención y nunca pude hablar con él. Mi cliente está ahora sentenciado a 7,5 años de prisión, acusado de ser miembro de una organización terrorista» —cuenta Trim Syla. «Como abogados, no pudimos hacer nada porque ya habían sido deportados. Si hubiésemos podido hablar con ellos, les hubiésemos dicho que solicitasen asilo (lo que podría haber frenado el proceso)» —añade.

Tal y como recoge una investigación independiente del caso encargada por el Parlamento, los servicios de inteligencia kosovares estuvieron en todo momento al mando de la operación hasta su entrega a las autoridades turcas en el aeropuerto. El avión en cuestión era un jet privado de la compañía turca Birlesik Insaat. Una investigación del medio alemán Correctiv halló que la compañía está registrada en un terreno propiedad de los servicios secretos turcos (MIT). El mismo avión ha sido fotografiado en Alemania, coincidiendo con una visita de Erdogan y con otra visita de altos cargos turcos a Alemania. Además, la solicitud de viaje presentada por la compañía ha resultado ser falsa: ni el propósito ni el número de pasajeros era correcto.

Un incidente de último minuto recogido en el informe pone en evidencia la irregularidad del proceso. La policía tenía una fotografía y el nombre de cada uno de los detenidos. Uno de los colegas de Ozkan comunicó a los agentes que su nombre no era el que aparecía en el documento. La policía habló con los servicios de inteligencia kosovares y le dijeron que no importaba. Había que meterlo igualmente en el avión.

Trim Syla demandó al Ministerio de Interior por revocar el permiso de residencia de su cliente y ganó. «La sentencia señala que no era un peligro a la seguridad y que el proceso fue ilegal. Ganamos, pero ya no podemos hacer nada porque todos están en Turquía y no los van a devolver» —afirma. «Ha sido un secuestro y no una deportación. En la deportación las autoridades compran un billete de avión, le dan dinero de bolsillo y lo acompañan hasta Turquía. En cambio, actuaron como si fuera una extradición pero la extradición no se hubiese aprobado (porque no hay pruebas y porque en Turquía hay riesgo de tortura)» —añade. Entonces optaron por la operación secreta.

Tan secreta que ni siquiera el entonces primer ministro –Ramush Haradinaj– estaba al tanto de la operación. «Les solicito un informe completo sobre la detención y deportación de seis nacionales turcos: ¿por qué se revocaron sus permisos de residencia?, ¿por qué fueron detenidos?, ¿por qué fueron deportados en un proceso secreto y rápido?» —preguntó Haradinaj en una carta dirigida al jefe de la policía, al director de los servicios de inteligencia, al ministro de Interior y al ministro de Justicia. Al día siguiente, el primer ministro exigió la dimisión del ministro de Interior y del director de los servicios secretos «porque las acciones de ayer son totalmente inaceptables». Haradinaj denunció también no haber sido informado.

Condena en Moldavia

El episodio se repitió unos meses más tarde, en septiembre, en Moldavia: siete ciudadanos turcos, que trabajaban en una escuela afiliada al movimiento Gülen, desaparecieron sin dejar rastro y reaparecieron semanas después detenidos en Turquía. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos declaró ilegal la operación y condenó a Moldavia a pagar a cinco de los secuestrados 25.000 euros.

En marzo de 2018, el director del colegio Orizont fue detenido e interrogado por los servicios secretos moldavos por las acusaciones de terrorismo lanzadas desde Turquía. Un mes después, cinco de los siete secuestrados solicitaron asilo por miedo a las acciones de Turquía. Además, en junio de 2018, la Fiscalía de Moldavia les había asegurado que no tenían en este país ninguna acusación abierta por terrorismo.

Sin embargo, los siete fueron detenidos tres meses después y «fueron trasladados directamente al aeropuerto (donde un avión enviado para la ocasión les estaba esperando y les llevó inmediatamente a Turquía)» —señala la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. «Las familias no supieron nada de su destino durante varias semanas» —sostiene la sentencia.

«Queda claro que la operación conjunta de los servicios secretos de Moldavia y Turquía se había preparado con anticipación, antes de septiembre de 2018» —afirma el fallo. «Los hechos demuestran que la operación se organizó de tal forma para sorprender a los demandantes y que no tuviesen ni el tiempo ni la posibilidad de defenderse» —añade.

El intento fracasado en Mongolia: nueve horas alrededor del aeropuerto.

Todo apunta a que Turquía puso en marcha una operación similar en julio de 2018, en Mongolia, para detener a Veysel Akçay (que llevaba viviendo en este país desde 1994 y que ejercía como director de las escuelas asociadas al movimiento Gülen en todo el país).

«El 27 de julio de 2018 salí de casa para visitar uno de los colegios que estaba en obras. Nada más salir a la calle vi a dos personas acercarse a mí. Se notaba que no tenían buenas intenciones. Intenté escaparme, pero no pude», cuenta a eldiario.es. «Me cogieron de los brazos y me llevaron hacía un coche. Grité pidiendo socorro y una mujer que pasaba por ahí lo grabó y avisó a la policía» —añade.

Akçay cuenta que pasó nueve horas dentro del coche. Afirma que le taparon los ojos, pero posteriormente se dio cuenta que habían estado dando vueltas cerca del aeropuerto. Los captores lo volvieron a dejar en su casa cerca de las 19 horas y posteriormente la policía lo recogió en casa y lo llevó a comisaría. ¿Qué había pasado?

El director de los colegios cuenta que el vídeo llegó a la policía y entonces comenzó la búsqueda. La noticia se difundió, a su vez, por redes sociales y en la televisión. Amigos y compañeros de Akçay se agolparon en el aeropuerto, donde había aterrizado un sospechoso jet privado turco. «Ante esta escena entiendo que ellos [los captores] no pudieron entrar al aeropuerto para llevarme a Turquía» —añade.

«El Ministerio de Relaciones Exteriores ha pedido a las autoridades competentes que mantengan un avión chárter turco, aterrizado en el Aeropuerto Internacional Chinggis Khaan, hasta que se resuelva la cuestión» —informó el ministerio de Exteriores mongol. El avión se fue pasadas las 21 horas de la noche sin su objetivo.

«El Estado mongol me ofreció protección durante un mes, tanto a mí como a mi familia. Mi casa estaba protegida por tres lados, hasta dentro de casa había agentes» —cuenta. «Reitero que nuestros amigos mongoles no nos abandonaron en ningún momento» —añade Akçay, que actualmente vive en Canadá.

Orden de detención contra diplomáticos turcos en Suiza

En junio de 2018, la Fiscalía de Suiza emitió una orden de arresto nacional contra dos diplomáticos turcos acusados supuestamente de secuestrar y entregar a Turquía a un empresario suizo, según informó la televisión pública del país. Ninguno de los dos agentes se encontraba ya en Suiza. Uno de ellos era oficial de prensa y el otro era secretario de embajada en Berna. La Fiscalía, sin embargo, no emitió una orden de arresto internacional

El empresario en cuestión habló con el medio Nordic Monitor y afirmó que dos agentes turcos se reunieron en secreto en un cementerio y enfrente de un parking, sin ser conscientes de que estaban siendo vigilados por los servicios de inteligencia suizos (SRC). Según denuncia el empresario, los agentes turcos utilizaron a un ciudadano turco endeudado (que había trabajado con él y al que supuestamente habrían ofrecido dinero).

El Ministerio de Asuntos Exteriores turco rechazó la acusación de que empleados de su embajada en Berna planeasen el secuestro. «Son acusaciones infundadas» —afirmó su portavoz.

Dinamarca: 14 días bajo protección policial ante una amenaza de muerte.

Hasan Cücük es un periodista turco, afín al movimiento Gülen, que lleva viviendo en Dinamarca desde la década de los 90. El 6 de enero de 2017, a las 18.15 horas, recibió una llamada de la policía danesa. Le preguntaron por su localización y en pocos minutos se presentaron allí dos agentes de los servicios de inteligencia del país (PET). «Hay alguien que quiere matarte este fin de semana» —cuenta a eldiario.es que le dijeron los agentes. Cücük y toda su familia fueron trasladados a un hotel y puestos bajo protección durante 14 días. El periodista solo pudo hacer una llamada y fue a su madre para decirle que estaba de vacaciones y que el teléfono no funcionaría durante unos días.

«He preguntado muchas veces a mis contactos en el PET, pero desafortunadamente no he obtenido ninguna respuesta sobre quién estaba detrás de la amenaza. Estoy seguro de que el PET lo sabe. Yo creo que detrás está el Gobierno de Turquía. Creo que el Gobierno ha estado cooperando con algún grupo en Europa como Osmania Germain y sé que el ministro de Exteriores danés llamó al embajador para reunirse sobre mi caso» —sostiene Cücük.

Mientras tanto, Fatih Keskin –director de una de las escuelas asociadas al movimiento Gülen en Bosnia– fue detenido el miércoles pasado y lleva desde entonces en el centro de inmigración de Sarajevo. Este martes está convocada una protesta frente al centro para exigir su liberación.

Keskin sí ha podido hablar con su abogado, que ha solicitado a las autoridades que revisen la suspensión de su permiso de residencia permanente –lleva 15 años viviendo en Bosnia–. «El abogado ha dicho que de momento no hay ninguna oportunidad para la extradición» —señala a eldiario.es Selçuk Yesilyurt, amigo de Keskin y editor de Sarajevo Times.

«Ahora el ministro de Seguridad tiene que decidir si cancela la decisión sobre su permiso de residencia o si está de acuerdo con ella. Y si está de acuerdo con ella, tenemos el derecho de ir a los tribunales » —sostiene Yesilyurt, que añade a su vez que los tribunales del país ya han tenido casos similares con miembros de Gülen que no han sido expulsados del país.

Ante todos estos casos, la organización Proderechos ha presentado un informe al Comité de Derechos Humanos de la ONU (de cara al examen periódico universal que realiza esta institución sobre cada país). El informe enumera varios casos de detenciones en el extranjero.

«En ninguna parte del mundo habrá un refugio para la organización terrorista de Fethullah Gülen (FETÖ) y sus militantes. Estamos comprometidos en limpiar los países infectados por el tumor de FETÖ» —afirmó Erdogan, tal y como recoge el informe.