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El Banco de España lanza un jarro de agua fría a las previsiones apocalípticas: la economía española prolonga «la fase alcista del ciclo». (www.eldiario.es)

Apunta a que el Producto Interior Bruto (PIB) se situará en el 2,2% este año, el 1,9% en 2020 y el 1,7% en 2021.

El informe del Banco de España destaca que «los riesgos en torno al escenario central de crecimiento del PIB se orientan a la baja».

«La creación de puestos de trabajo propiciará que la tasa de paro se reduzca hasta el 12% a finales de 2021″, avisa la institución monetaria.

Rodrigo Ponce de León 20/03/2019.

El Banco de España ha tirado por tierra las previsiones más apocalípticas sobre la economía española, que responden más que nada al momento electoral que vive España. En su Informe Trimestral de la Economía Española correspondiente al primer trimestre de 2019 —y la nota informativa sobre las proyecciones macroeconómicas de la economía española (2019- 2021)— el regulador mantiene las cifras de crecimiento anticipadas hace unos meses, ya que «los riesgos en torno al escenario central de crecimiento del PIB se orientan a la baja» (de manera que la economía española prolonga «la fase alcista del ciclo»).

Como elementos de incertidumbre, el Banco de España recalca, en el contexto exterior, «la indefinición de los detalles del Brexit« y la «incertidumbre sobre la posible adopción de nuevas medidas proteccionistas a nivel global». Mientras que en España avisan de que «persiste un elevado grado de incertidumbre acerca de la orientación futura de las políticas económicas y, en particular, de la reanudación del proceso de consolidación fiscal (que es necesario para reducir la vulnerabilidad de la economía)«.

Estas incertidumbres no impiden que el informe subraye que, «a medio plazo, se prevé la prolongación de la actual fase expansiva de la economía española» —argumenta el informe del Banco de España. Este dinamismo propiciará que, aunque con «una moderación de su ritmo de avance», la tasa de paro «se reduzca hasta el 12% a finales de 2021″.

De esta manera, el Banco de España mantiene unas previsiones en las que «el avance del Producto Interior Bruto (PIB) se sitúe en el 2,2% este año, el 1,9% en 2020 y el 1,7% en 2021, cifras en línea con las anticipadas hace tres meses». «La economía española ha mantenido un notable dinamismo. De acuerdo con la información disponible, el PIB habría crecido en el primer trimestre en torno a un 0,6%, ritmo de avance muy similar al que pudo observarse a lo largo de 2018″ —recoge el informe.

El regulador apunta que a corto plazo «el comportamiento reciente de la actividad» ha sido «algo más dinámico de lo esperado» y solo el sector exterior «ha mostrado signos de empeoramiento». «Por lo que respecta a 2019, la desaceleración refleja, fundamentalmente, el empeoramiento del contexto exterior, que viene afectando negativamente a las exportaciones desde 2018 y que en el corto plazo contribuiría, a través de su impacto sobre la incertidumbre, a un cierto debilitamiento de la demanda privada» —señala el informe.

La buena marcha de la economía española se basa en «el dinamismo de la demanda interna» (que ha compensado «el deterioro del contexto exterior»), de modo que no se ha producido «una desaceleración de la actividad como la registrada en el conjunto de la Unión Europea Monetaria«. «El consumo privado ha seguido mostrando una notable fortaleza, con el trasfondo del mantenimiento de un ritmo de creación de empleo elevado» —destaca el Banco.

En el lado negativo, el regulador insiste en «un cierto empeoramiento de las perspectivas acerca de la evolución de los mercados de exportación de España, que se refleja en una revisión a la baja de 0,9 puntos porcentuales, en términos acumulados». Esta posición se verá compensada por «un desplazamiento a la baja» de los precios del petróleo –«lo que favorece el crecimiento de las rentas de los agentes privados en términos reales»– y una política monetaria que «seguirá presentando un carácter expansivo».

De hecho, el Banco de España subraya que «la prevalencia de condiciones favorables para la obtención de financiación seguirá favoreciendo el comportamiento expansivo de los distintos componentes de la inversión». En este sentido, también añade que «el crecimiento de la inversión empresarial se apoyará en la fortaleza de la demanda final, en el elevado grado de utilización de la capacidad productiva instalada y en los avances sostenidos en el saneamiento de la posición financiera del sector» (aunque también admite una «cierta ralentización, en consonancia con el menor vigor de la demanda final y con las perspectivas de que el crecimiento de las exportaciones siga siendo moderado, lo que limitará el gasto en inversión de las empresas cuyas ventas se orientan al exterior en una proporción elevada»). Punto destacable es la «inversión residencial», que continuará presentando «ritmos de crecimiento elevados, impulsada por el dinamismo de la creación de hogares y por la fortaleza del proceso de creación de empleo».

«Las trayectorias esperadas, tanto de los tipos de interés en el mercado interbancario como de las rentabilidades de la deuda pública, se han reducido desde la fecha de cierre de los supuestos de las proyecciones anteriores. De este modo, aunque sigue anticipándose una cierta elevación de los costes de financiación a lo largo del horizonte de proyección, esta es más modesta de lo anticipado hace tres meses».

«Un pelín insatisfecho» con la reducción del déficit

El Banco de España se ha mostrado «un pelín insatisfecho» con la reducción del déficit público, al temer «otro año en barbecho» para la consolidación fiscal (ya que pronostica una rebaja de solo dos décimas para este año, hasta el 2,5% del PIB, frente al 2,7% en el que cerró en 2018, según informa Europa Press).

Así lo ha advertido el director general de Economía y Estadística del Banco de España, Óscar Arce, durante la presentación del informe. Arce ha explicado que el panorama en términos presupuestarios ha cambiado «muy poco», ya que en diciembre ya se incorporaban algunas de las medidas con más posibilidades de ver la luz (como el alza del SMI o la subida del sueldo de funcionarios), si bien ha indicado que el aumento de una décima de la previsión de déficit para este año se debe a algunas de las medidas aprobadas vía real decreto en los llamados ‘viernes sociales’.

En concreto, ha citado –con un impacto «relativamente pequeño»– medidas como la recuperación del subsidio para mayores de 52 años, la exención del IRPF en las prestaciones de paternidad o el aumento de los permisos de paternidad.

También ha señalado que, aunque se mantiene la previsión de crecimiento para este año en el 2,2% en términos reales, la estimación para el PIB nominal se ha reducido en tres décimas –hasta el 3,6%–, lo que repercute igualmente en el déficit público.

Por el contrario, contribuirá a la reducción del déficit el aumento de las bases máximas de cotización –que no se contempló en diciembre– y la actualización de los datos de recaudación, que están siendo «positivos» en la parte final del ejercicio 2018.

En cualquier caso –ante la previsión de una reducción de solo dos décimas del déficit público, desde el 2,7% del PIB estimado en 2018 al 2,5% del PIB este año–, Arce teme «otro año en barbecho en términos de consolidación fiscal». «Reducir solo dos décimas el déficit, siendo uno de los déficits más altos de la zona euro, a nosotros nos deja un pelín insatisfechos» —ha apostillado.