La Deportiva se impuso a un CD Lugo ligeramente inferior.

El club que dirige “Tino Saqués” se encuentra todavía pendiente de los últimos retoques en su plantilla, de decisiones en forma de descartes o salida de algún jugador “a prueba”.

El encuentro se convirtió en una confrontación mejor planteada por parte de la escuadra visitante que, además, evidenció mayor capacidad ofensiva.

Hasta aproximadamente el ecuador de la mitad de principio, ambos equipos lucharon arduamente por el dominio de la pelota y, sobre todo, por el control del juego. No lo conseguiría ninguno, singular y constatablemente, a lo largo del primer acto. Por otro lado, quizá se intuía ya un conjunto foráneo dotado de una estructura relativamente coherente: bien plantado, con un sistema organizativo más trabajado y con una vocación atacante y anotadora, en trance de transformarse en una característica consolidada o nota resaltable.

La ocasión que abría la serie correspondió al lateral izquierdo ucraniano Kravets, que se presentó enfrente del guardameta argentino Gazzaniga. Lanzó un tiro con potencia pero el arquero de los visitantes detuvo el esférico, efectuando un escorzo formidable.

Sin embargo, gracias a los condicionantes aludidos, los blanquiazules (hoy grisáceos) evolucionaban con una libertad superior, presionando bastante y  arriba, importunando a la línea constituida por los que ejercía de pivotes de sus adversarios. En el minuto 21, en una jugada de cierto mérito, el asturiano Pablo Espina proporcionó un buen servicio al ariete (y capitán) Yuri. El brasileño realizaría una recepción admirable y, sin prácticamente demora, batiría finalmente al cancerbero rival (usando su providencial habilidad).

Los chicos del Bierzo se basaban, en sus elaboraciones, en unas rápidas transiciones cuyos encargados eran dos efectivos con calidad: el madrileño Dani Pichín y el ex-pimentonero Isi. En cambio, sus oponentes solamente reaccionaban tratando de crear opciones de peligro aleatorias, mediante pases largos y centros por alto. Esta estrategia, no obstante, comportaba efectos restringidos y no lograba apenas los precarios frutos apetecidos (a causa de su improcedencia y carencias en su aplicación).

Los lucenses se lanzarían, en consecuencia, a restablecer las tablas en el luminoso. A duras penas (a causa de diversos errores) podían mantener tal apuesta equivocada, aunque dispusieron de dos acercamientos con riesgo para el portal de sus denodados y calificados competidores: por orden cronólogico, se produjo una pérdida del cuero –al consumarse un robo, en un intento de dar salida a un balón en la parcela de la retaguardia contraria–, pero ni Escriche ni Azaaez se coordinarían adecuadamente; y, más tarde, tampoco conectó el susodicho Escriche –por unos centímetros– con un envío a empalmar (en el área pequeña, producto del bote de un córner y a cargo de Juan Muñiz).

Agotado el intermedio, tras el descanso preceptivo en los vestuarios, los gallegos buscaron con intensidad hacerse con la manija de la contienda. Paulatinamente lo iban logrando y sus oponentes utilizaban la táctica del contragolpe con la conveniente celeridad, a ser posible.

La continuación, por tanto, tendía a representar un monólogo de los de la ciudad del Sacramento. De cualquier manera, su tarea no se entreveía sencilla ni resultaría fácil.

Al inicio de este intervalo decisivo, nuevamente el delantero Yuri atesoraría una estupenda probabilidad de sumar su “doblete” personal. El ex-pimentonero Isi se internaría y cedería un pase atrás (“de la muerte”) y dirigido a su compañero goleador. El disparo subsiguiente, a puerta casi vacía, no se patentizaría atinado (máxime procediendo de un contrastado y veterano “artillero”).

Las oportunidades surgieron a guisa de muestra evidente del azar, ligadas sencillamente a la insistencia y ambición sostenidas. Es decir, merced al mucho empeño derrochado, sobre todo en el bando perdedor. Un chute potente, orientado y colocado de Lazo (desde larga distancia) halló al portero Gianfranco Gazzaniza en racha óptima y un estado de gracia destacado. Voló, puesto que el extraordinario chut se dirigía hacia la cruceta de su marco, y paró. Su magnífica intervención fue digna de encuadrar y resaltar, en una fase sin otros detalles comparables, de tal calibre rematador.

El guión consolidado se iba cimentando, con el peligro que significa siempre una posesión infructuosa. Esta contingencia la aprovecharon los ponferradinos que, gracias a la deriva plasmada en la antedicha asunción algo temprana de las tácticas respectivas a llevar a la perfección, alcanzarían otro tanto que los ponía en clara franquicia. Una asistencia del murciano Isi habilitaría a David Grande para servirse de una posición (cómoda e idónea) en la que, jugándose un “mano a mano” con el portero, lo obvió y mandó su acertada definición al fondo de las mallas. Después de esta alteración en el casillero de los que se erigirían a la conclusión en ganadores, tras una mezcla de buena labor y fortuna, parecía que la suerte estaba echada.   

Los lugueses, no obstante, no arrojaron la toalla en momento alguno. Prosiguieron en su propósito y persistieron con ganas y ambición sobradas, pese a que no conseguían enlazar combinaciones destacadas en vanguardia.

Y así acaecería que, al término de lo contemplado, se saldaba una rivalidad deportiva de manera satisfactoria, en general. En resumen, se trató de un espectáculo entretenido que, en su valoración global, se puede tildar de aceptable.

ALINEACIONES:

C.D. LUGO:

Alberto Varo; Leuko, Vieira, José Carlos, Kravets; Seoane, Azaaez, Iriome; Campillo, Juan Muñiz; y Escriche. Asimismo pisarían el césped, por orden del técnico Javi López: en el retorno de la pausa reglamentaria, Sergio Gil, Lazo, Bernardo, Borja San Emeterio y Josete; y después, Cristian Herrera y Jona Mejía.

S.D. PONFERRADINA:

Gianfranco; Son, Jon García, Míchel Zabaco, Ríos Reina; Saúl, Dani Pichín, Matthieu; Pablo Espina, Yuri e Isi. En el apartado de relevos o sustituciones, también irrumpirían en la cancha (conforme a los designios del entrenador vizcaíno Jon Pérez, “Bolo”): Pablo Trigueros, David Grande, Fran Carnicer, Joaquín Rodríguez y el reciente fichaje y debutante, la gran promesa colombiana: Edward Bolaños.

GOLES:

0-1 (Yuri, 21′), 0-2 (David Grande, 72′).

ÁRBITRO:

El Sr. Eiriz Mata, del Colegio de A Coruña.

INCIDENCIAS:

Partido en disputa del XIII Trofeo –denominado Memorial–, en recuerdo del desaparecido Antonio Tarrío (reconocido futbolista, de origen vivariense, integrante del en su día del Racing de Ferrol, protagonista en su momento de un ascenso de los departamentales a 2ª A (temporada 1998/99), con el antecedente de haber competido en esta precisa categoría con el CD Ourense, fallecido a consecuencia de una inesperada patología hepática). El escenario de este choque (tradicional en campañas precedentes, en sus versiones informal o amistosa e incluso oficial, conocido asimismo popularmente con el apelativo de “derbi de los Ancares”), entre dos equipos con una prolija y estrecha relación de amistad, fue el Campo de “Cantarrana” (Viveiro, A Mariña). A título de anécdota, cabe reseñar que en los graderíos se notó, animosa y patentemente, un grupo de aficionados de la  “Ponfe” (entre desplazados y turistas o residentes veraniegos). Y es que la parroquia más leal, en época estival, reitera su compromiso permanente y el apoyo incansable a sus colores: “¡Deportiva, adelante y arriba!”.

                                                               Marcelino B. Taboada