CIERTOS OLVIDOS RESPECTO A LA FIGURA DE D. VALENTÍN GARCÍA YEBRA

Este preciso año que estamos viviendo se cumple el centenario del nacimiento del gran filólogo, traductor, lingüista, académico, editor y profesor D. Valentín García Yebra. El que redacta cree que no hubiera resultado excesivo proporcionarle un homenaje a la altura de tan eximio personaje, independientemente de filias y fobias de cualquier tipo. Sin embargo, los recuerdos prodigados a su extraordinaria obra y legado no han alcanzado la brillantez y la generalidad que nuestro escritor merecía sobradamente. Puede ser que la relativa proximidad de su fallecimiento (finales del 2.010), las honras que se sucedieron a raíz de este triste suceso o el hecho reiterado de que “nadie es profeta en su tierra” expliquen tal omisión inexcusable. Y es que raramente nos hallaremos ante un hombre ejemplar de semejante calidad y actividad polifacética: traductor, traductólogo, lingüista, filólogo, profesor, helenista, académico, articulista, conferenciante, amante de la naturaleza, editor,… En este último ámbito, cabe resaltar su papel como cofundador de la Editorial Gredos (1.944). Entre las muchas publicaciones de esta ya añeja compañía divulgadora, por ejemplo, se recuerda la puesta en circulación del diccionario etimológico de Corominas y Pascual o el diccionario de María Moliner.

La vida del intelectual y humanista berciano nos permite, en la actualidad, gozar de un conjunto de producciones que marcaron toda una época y que, a mi juicio, no se han superado aún posteriormente. Hijo de familia humilde, originario de Lombillo de los Barrios, D. Vicente cursó estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid (rama de Filología Clásica cuya licenciatura remataría en 1.944). Tras completar esta primera formación más bien sobrevivió gracias a trabajos poco remunerados. Se doctoraría con una tesis que versaba sobre “Las traducciones latinas de Aristóteles”. Conocedor de las lenguas clásicas y de los sabios de dicho período ganaría la cátedra de griego y ejercería en destinos tan dispares como el Instituto de Enseñanza Media de Santander, el Instituto Politécnico Español de Tánger (donde ostentó la dirección durante un lapso considerable, 1955-1966) ya nombrado catedrático y asimismo, posteriormente, en el madrileño Instituto Calderón de la Barca. Además, se convirtió en uno de los impulsores y actores en el Instituto Universitario de Lenguas Modernas y Traducciones de la Universidad Complutense. En este preciso hilo de dedicación y a modo de glosa de recompensa por su extensa obra se le concedió el Premio Nacional de Traducción, en el año 1.988.

Pero tal vez por lo que se le conceda un mayor reconocimiento y fama sea por haber conseguido entrar en la Real Academia Española de la Lengua (en el 1.984, concretamente para ocupar el sillón “n”). En este aspecto, su proximidad al Presidente de entonces (Dámaso Alonso) y algún que otro determinado académico vgr.: su antiguo profesor, Vicente García de Diego le facilitaran tal merecido acceso. En esta excelsa Institución realizaría una tarea esencial en diversos dominios, tras su ingreso en el mes de enero de 1.984: comisiones de Etimología y Gramática, entre otras funciones desempeñadas. Es sabido que, proporcionalmente, nuestra comarca ha aportado producciones literarias remarcables y, lógicamente, también ha proporcionado un ramillete restringido de rectores a la Institución máxima de la lengua universal hispana. A modo de semblanza (en materia de otros títulos honorofícos y nombramientos, a lo largo de su periplo vital) es preciso remarcar los siguientes: miembro correspondiente de las Academia chilena y norteamericana de la Lengua Española, miembro de honor de la Asociación Profesional de Traductores (Puerto Rico), miembro honorario de la Asociación Profesional Española de Traductores e Intérpretes, miembro del Consejo Asesor de la Fundación Fundéu y del Comité científico de la revista “Paremia”, Premio Nacional de Traducción (1.998), el de Castilla y León de Ciencias Sociales y Humanidades, varios relacionados con el C. S. I. C., de la Real Academia de la Lengua, distinguido con la Medalla de Oro de la Cultura de Puerto Rico (1.996), con el Nacional de Periodismo Miguel Delibes por un ensayo, declarado “Leonés del Año” (1.988, Cadena S. E. R.), Doctor “honoris causa” de las Universidades de León y de la Nacional y Kapodistríaca de Atenas,… Incluso inauguraría una serie de reconocimientos internacionales procedentes de la culta Bélgica (Premio Nacional de Traducción, en su primera edición de 1.964, a causa de su trabajo alrededor de uno de los libros señero de Charles Moeller: “Literatura del s. XX y cristianismo”. Adicionalmente sería elegido o distinguido con los galardones que se refieren a continuación: comendador de las órdenes de Alfonso X el Sabio y de Isabel la Católica e hijo predilecto del Ayuntamiento de los Barrios de Salas.

Por otra parte, su dominio de las lenguas clásicas (griego y latín), conjuntamente con su estudio de otras modernas importantes (alemán, francés, italiano, portugués y español) le permitió erigirse en uno de los traductores, filólogos, lingüistas axiales del siglo XX.

Además, su intensa investigación comparada respecto a otros idiomas latinos y el germano le abrieron horizontes en el terreno de la evolución diacrónica “en contacto”. En esta tesitura llegó a contemplar los neologismos desde un punto de vista más moderno y aceptable, estimulándole a recopilar los galicismos léxicos y prosódicos (a la vez que los sintácticos y semánticos).

Su trayectoria se distingue por su constante labor en varios apartados, a pesar de que se insertaran en un sector más amplio y omnicomprensivo relacional.

OBRA:

Una persona tan dedicada y formal, sin duda, habría de implicarse en una panoplia amplia de empresas de considerable calado, resaltando su implicación con las lenguas clásicas (manuales genuinos de Aristóteles “Poética y Metafísica” , un diálogo de Cicerón o la Medea de Séneca (su publicación inicial); las “Guerras de las Galias”, de Julio César,… Su vertido a las lenguas modernas mencionadas “supra” de producciones antiguas y la difusión de ensayos en su materia le proporcionaron un prestigio y autoridad moral incontrovertibles.

SU TEORÍA O MÁXIMA EN TORNO A LAS PREMISAS DE LA TRADUCCIÓN:

En el prólogo de su aludida obra trilingüe, basada en la “Metafísica” de Aristóteles (pág. 26), desgrana nuestro estudioso escritor la clave al objeto de alcanzar una perfecta versión traducida:

La regla de oro para toda traducción es, a mi juicio, decir todo lo que dice el original, no decir nada que el original no diga, decirlo todo como antes se había expresado con la corrección y diversidad que permita la lengua de que se trate”. Se comprobaría, a colación de esta justa apreciación, que había sido glosada en tiempos pretéritos por algún literato español (mas nunca con tal precisión y atinada prosa).

Entre sus paisanos coetáneos se ha dignificado su figura mediante la denominación del antiguo Colegio de la “Minero” de Ponferrada con su específico nombre. En lo que atañe a exposiciones permanentes, si bien en un marco limitado y precario, exclusivamente se puede citar la de la Casa del Pueblo de su lugar natal (a la que se le ha asociado su ilustre nombre): Lombillo de los Barrios.

UNA NOTA DISCORDANTE:

El gran políglota y polifacético investigador de nuestros lares tuvo un protagonismo especial en su no despreciable etapa de integración en el Servicio de Censura (1.943-1.956). Este organismo, represor del progresismo, disidencia y fundamentalmente político, adoctrinador, depurador y partidista a ultranza ‒ se constituiría en un freno a la democracia, innovación, modernidad y evolución social.

En definitiva, y a nivel discursivo de subjetiva opinión, es de pensar que el relativo ostracismo de este ponferradino de Los Barrios responda a una coincidencia de factores que predeterminaron una actitud dilatante, displicente o negligente de sus indolentes pares locales.

Aún constatando tal descuido, conviene poner en valor la puesta en valor y a disposición (en la Biblioteca Municipal de Ponferrada) de unos 8.000 volúmenes conservados de su propiedad. Y quedaría pendiente la resolución, lanzada por el Instituto de Estudios Bercianos, de la propuesta de denominar este Centro cultural a través de su identificación con el ilustre e incomparable autor reseñado.

                                                               Marcelino B. Taboada