EL “BRIGADIER” FERNÁNDEZ y MORALES

Este preciso año actual se conmemora el II Bicentenario del nacimiento en Astorga (17 de septiembre de 1817) del polifacético personaje (militar, político, escritor,…) D. Antonio Fernández y Morales. Esta señera figura es axial y fundamental para comprender, en parte, lo vivido en el transcurso del convulso siglo XIX en El Bierzo. Y también, y sobre todo, para entender y tener disponible una imagen fiel y auténtica de la vida cotidiana de las clases populares comarcales.

Ciertamente mucho se puede referir en torno a este prohombre ilustre, esencial y defensor de lo nuestro, mas simplemente expondré una semblanza sistemática y esquemática de varios aspectos de su trayectoria vital y de su valiosa obra literaria: “Ensaios poéticos en dialecto berciano (1861). Y así permitiré y ayudaré a que cualquiera, que desee profundizar más, pueda extraer las conclusiones oportunas por su cuenta.

BIOGRAFÍA:

Diversos trazos caracterizaron su personalidad y carácter, debido relativamente a sus circunstancias particulares y singulares. El hecho de trasladarse desde el vecino territorio maragato a la Villa de Cacabelos, a la temprana edad de dos años y acompañando a sus progenitores (su padre desempeñaba la profesión de boticario), lo marcará para siempre. Bebería de la esencia de lo más intrínsecamente berciano y arraigaría fructífera y definitivamente. De este modo siempre volvía a su terruño de adopción, a pesar de las muchas vicisitudes ligadas a una existencia dedicada a la milicia, a la representación política y a la escritura lírica. Recordemos en este punto su amplia formación filosófico-religiosa (estudió en el Seminario de Astorga), además de su completa instrucción teórica castrense (Colegio militar de Valladolid), su encuentro decisivo con el filólogo y frenólogo catalán D. Mariano Cubí i Soler (1847), sus destinos cambiantes y su excelente hoja de servicios: permaneció un par de años en Tui (conoció el ambiente literario y filológico gallego-portugués), llegó a ser nombrado Gobernador militar de Toledo (tras su ascenso al generalato), tuvo que cumplir con la función de delegado ante los Estados pontificios (diplomático), resultó elegido diputado por el Partido Radical en la circunscripción de Villafranca, participó activamente en la sublevación contra el régimen absolutista de Isabel II (1868, La Gloriosa), colaboró en el Patronato del Teatro Villafranquino (conjuntamente con otros destacados próceres de la época),… pero lo que lo define sintética y privativamente, sobre todo, es la siguiente descripción (cuando se encontraba instalado en la capital leonesa): “comandante de infantería e inspector provincial de estadística”.

NOTAS DISTINTIVAS DE NUESTRO PERSONAJE:

Respecto a su ideología, primariamente, se debe encuadrar en un tipo político liberal-progresista. Adelantado en ciertas facetas a la sociedad de su tiempo, en un momento determinado se integraría en una especie de secta masónica de elevado nivel cultural.

Más discutible resulta su inclusión en la corriente romántica, aunque algunas apreciaciones abundarían en ello: su apego al microcosmos de su sustrato convivencial, con una tendencia innata hacia lo natural, lo real, la temática preferente y asociada al medio ambiente circundante e inmediato, su preferencia por centrarse en las cuestiones afectivas, costumbristas, de sentimientos colectivos compartidos,… o sus intercambios esporádicos de pareceres con el farmacéutico ponferradino Mateo Garza, el senador Pascual Fernández Baeza,… Otro tinte a añadir es la toma de partido de nuestro representante en Cortes, incluso en materia bélica, ya que se distinguió con creces durante las guerras carlistas.

Su preocupación por el futuro industrial, y el progreso en todos los campos, de su espacio geográfico es otro aspecto a resaltar. Y, aún dotado de una mentalidad de vanguardia, no despreciaba (antes al revés, hipertrofiaba o sublimaba) las muestras idiosincráticas, tradicionales y hasta legendarios de sus paisanos.

Es conveniente intuir en el vate del Bierzo central un precedente del regionalismo. Por un lado, la añoranza, saudade y morriña que sentía por lo suyo – tan genuino y ancestral- lo indican claramente; y, por otro, su pretensión de considerar el lenguaje vulgar como una fuente de riqueza a plasmar lo patentiza notablemente.

Por último, es preciso -en otro orden de planteamientos- calificar su producción poética con una serie de epítetos bien merecidos: folklórica, popular, dialectológica, cercana en lo relativo a su tratamiento de los sujetos protagonistas y cuidadosa en sus formas, implementación y articulación.

ENSAIOS POÉTICOS EN DIALECTO BERCIANO”

De manera preliminar, hay que mencionar la teoría que mantenía (contando con los límites fijados por los parámetros de la etapa histórica en que desarrolló su labor) el poeta de Cacabelos. En resumen, creía que “el dialecto berciano era típico y peculiar de la hoya berciana, puesto que se galleguizaba -conforme se encaraba el occidente- y se castellanizaba, según se iba dirigiendo insensiblemente el observador hacia el sureste”. A la vez, y con posterioridad, Fdez. Y Morales concluye en que la mayoría de su contribución es en gallego, en un subdialecto o variante: la berciana. Es, palmariamente, un producto recogido y traspuesto de lo que surge del pueblo y es, igualmente, una condición diferencial consolidada y tolerada por las clases dirigentes o burguesas.

Este recopilatorio o conjunto poemático consta de 15 epígrafes monolingües, en gallego, y uno bilingüe, a mayores, de añadido: castellano-gallego. Fue publicado dos años antes que los “Cantares galegos de la insigne e insuperable Rosalía de Castro (1861). De esta guisa se corresponde con la segunda aportación importante al movimiento denominado “Rexurdimento”, de la región galaica, tras “A gaita galega de X. M. Pintos, y dispuso de un adelanto en la Revista “El Esla”: “O fiandón da aldea”.

Los argumentos o títulos son ilustrativos de los asuntos a tratar: costumbres y tradiciones (O magosto, o entroido, o fiandón…), festividades (romerías,…), tareas agrícolas anuales (A vendima, A sega,…), amoríos y pasiones humanas (proba de amor,…), actividades habituales (a caza,…), actos devocionales,…

En el prólogo del libro se realizó una compilación de las voces dialectales empleadas en el contenido textual. A mi juicio personal, pienso que es tal vez la parte con un grado superior o potencialidad de enseñanza y aprendizaje de unos términos pretéritos que se han conservado a través de prácticamente todo el siglo XX (como mínimo, en sectores o poblaciones concretas).

Su estilo literario viene determinado por unos trazos aparentes que concitan un casi consenso: su léxico, tan plagado de vulgarismos, castellanismos (vgr.: participios teminados en -ao), sus giros específicos, las expresiones de base consuetudinaria,… Otros, en cambio, son objeto de alguna controversia: su realismo, a veces “tremendista” (constatado por el ex-presidente de la R. A. G., Xosé L. Méndez Ferrín), es negado o relativizado -por entendidos independientes- en una glosa bastante bien razonada.

En cuanto a un análisis más en profundidad, y asimismo en la perspectiva formal, es posible denotar y reseñar: la perfección técnica y el dominio de las tácticas en la construcción de las estrofas y versificación, el uso de múltiples recursos a su servicio y la sumisión estricta a las reglas clásicas, el control exquisito que evidencia de la gramática y la sintaxis, el amplio conocimiento del universo léxico del acontecimiento o evento narrado,…

A manera de corolario, hace falta no obviar en absoluto las cualidades de contador de nuestro autor, a causa de su manejo de un lenguaje directo e irreverente -casi dialogal-, situando con unos simples retazos acertados el escenario necesario y procediendo después a colocar a los actores en su justa medida y asignarles un papel imprescindible y adaptado. Por tanto, la etnografía y los elementos antropológicos se utilizarían para conseguir, en varias ocasiones, apoderarse de los seres interpretados y transportados al presente, con todo lujo de detalles y pormenores.

MI OPINIÓN:

A fin de no aburrir, una vez leídas e interiorizadas las manifestaciones lírico-costumbristas-populares del eximio y egregio exponente berciano aludido, he de enumerar tres reflexiones que me infirió la lectura antedicha:

– El comentario indispensable se sustancia en la sorpresa provocada por la constatación de que aún no se le haya reconocido el protagonismo que adquirió, ni se le haya concedido tampoco el prestigio que le es de justicia. Olvidado en intervalos prolongados, fue rescatado y rehabilitado en un período reciente y cuando había ya casi desaparecido de los tratados de literatura gallega (a finales del antecedente siglo XX). Sin embargo, gracias al Instituto de Estudios Bercianos, Edicións Positivas, otra pléyade de personas con inquietudes (Balboa de Paz, Anxo Angueira, Xosé-Henrique Costas,…) o el Grupo “As Médulas” o el Partido del Bierzo y demás, el literato en cuestión está en trance de ser recompensado y reeditado.

– Este año anterior, el 2016, se impulsó una propuesta al objeto de dedicarle el “Día das Letras Galegas” de este año (con un éxito evidente, pues alcanzó la condición de “finalista”). No obstante, todavía hay algún grupo intelectual que lo etiqueta equivocadamente como “poeta menor, local, no diverso en lo que afecta a su menguada producción o que la misma sea de baja calidad”. En contra de esta posición apenas compartida, se postula general y extensamente que la riqueza léxica que atesora su labor irrepetible y su soporte insustituible, a fin de investigar y conocer el dialecto berciano (e, incluso, ancarés, vilarego o “chapurreao”), son notorios.

Otra constante, que permanece en el fondo de la actitud del escritor, se identifica con su espíritu crítico y su forma de abordar la comunicación divulgativa de su inconformismo vital: la sátira, el sarcasmo o una variedad de “retranca” congénita se constituyen entonces en los métodos estilísticos favoritos. En este plano existencialista, con motivo de episodios inocuos o intranscendentes en principio (juegos, loas a lugares, pueblos, villas,…), o a pasiones y muestras de afectividad o de ocio (prueba de amor, bailes, danzas,…) o reuniones gastronómicas, la repulsa a los hábitos anticuados y campesinos (un poco bastos, bárbaros o salvajes, en algunos instantes) es consustancial a su sensible formulación transformadora y de progreso. Si bien es de rigor decir que les aplica una especie de indulgencia radical, como corresponde a su implicación personal en dichas desviaciones raciales y de espectro o ámbito colectivo.

                                                        Marcelino B. Taboada