NOTAS DISTINTIVAS DE LA CELEBRACIÓN DEL CARNAVAL EN EL BIERZO Y SU ENTORNO

EL "ENTROITO"Ciertamente esta celebración anual, caracterizada por las licencias permitidas y el desenfrenoLAS FILLOAS carnal, no es tan relevante ni conocida como el “Entroido” tradicional del triángulo orensano: Xinzo de Limia – Laza – Verín. No obstante se dan en este evento algunas connotaciones típicas, genuinas y llamativas.

Mientras que en las localidades gallegas reseñadas se extienden los actos y actividades relativas al ciclo carnavalesco – en su máxima expresión – a aproximadamente un período de un mes y medio, por nuestros pagos los desfiles, festejos y manifestaciones culturales abarcan un lapso temporal de unos tres días, o sea, las llamadas “carnetolendas”. Por otra parte, cabe destacar que el precedente o génesis histórica de estas festividades cíclicas es preciso asociarlo a las antiguas celebraciones, mantenidas en las civilizaciones clásicas griega y romana, que recibían EL ENTROIDOla denominación de bacanales (en honor al dios Baco), las saturnales (en alusión a la deidadLAS CASTAÑAS "ASADAS" de Saturno, en su aspecto kármico) y las lupercales (en agradecimiento a la cosecha cerealística, o al pan nuestro nutricio).

En la enumeración simplemente ejemplificativa de los apuntes que son diferenciales en el Carnaval de nuestra comarca y su área de influencia o contacto, conviene referirse previamente a una costumbre añeja y particular: las trasnadas o trastadas. Su producción y el recurso a esta institución lúdico-festiva no se reduce exclusivamente a la etapa carnavalera, aunque también. Se utilizaban estas bromas, más o menos elaboradas y agresivas, en la Noche de San Juan, en las fiestas patronales o locales, en momentos especialmente importantes y jubilosos: con ocasión de una boda, banquete extraordinario y/ o incluso en señal de agradecimiento por los dones espirituales o divinos otorgados a la comunidad (excelentes UN PAISAJE DE NOCEDA DEL B.cosechas, episodios de prosperidad sin par,…). Asimismo, en el Bierzo Alto, se señalan losBOTILLO "CON GUARNICIÓN" pormenores de las “trasnadas” en el transcurso de la Semana Santa, y con un inusual énfasis en la víspera del Domingo de Pascua.

El ZAFARRÓN:

Estos exponentes habituales se dedicaban, como es coherente, a inventar toda una serie de “zafarronadas” con las que obsequiaba a la concurrencia en general.

Se concretaba tal figura en un mozo cualquiera, si bien ataviado de modo estrafalario e irreconocible. Se servía con tal propósito de pieles, con las que se cubría de tal manera que únicamente se le veían los ojos y la boca. La piel era, por imperativo tradicional, de cabrito. Calzaba abarcas o escarpines con el fin de ganar en ligereza y prestancia. Iba "EN BURBIA"bien provisto y abastecido por un costal de harina, ya que debía perseguir sobre todo a lasEL EMBUTIDO "REY" mujeres al objeto de arrojarles el albo polvo harinoso.

LOS ZARRAMACOS DE NOCEDA DEL BIERZO:

Cuenta Manuel Cuenya con abundancia de detalles que, en su pueblo, los mozos y las mozas (ambos, sin distinción) se vestían con ropajes esfarrapados, vetustos y con retales o tejidos “esfalamandrados”. Se concitaban y, una vez reunidos y agrupados, se dirigían a “picar en las puertas” demandando de sus moradores las monedas “sobrantes” y el metálico que su buena voluntad les incitara a entregar. Dicha recaudación, una vez recontada, era distribuida conveniente y equitativamente.

LA VACA-TORO:

EL "PALO" DE PAJAEste engendro “hermafrodita” se hallaba constituido por un ser animalesco, mezcla de macho"EN MERMELADA" y hembra. Su parte anterior se asimilaba a la vaca, y la mitad posterior al toro. Su función o tarea se sustanciaba en embestir y animar el espectáculo colectivo.

EL “DIAÑO” DO ENTROIDO:

Este elemento ancestral se ha prácticamente perdido en la modernidad en la que nos encontramos, aunque su memoria permanezca. Era un “pelele” u hombre representativo del poco valor y coraje, que se “adecentaba” con unas vestimentas irrisorias y jocosas, ante el jolgorio vecinal. Se le proporcionaban los postreros retoques y se le aupaba “a lomos de un burro”. El general de los congregados lo acompañaba, propinándole chanzas, mofas y burla suficiente a través de las calles principales del TORTAnúcleo poblacional correspondiente.LAS OREJAS

Otra peculiaridad costumbrista incluida entre la programación a desarrollar en el conjunto de eventos, en trance de desaparecer, es la casi ya olvidada “batalla de hortalizas y verduras”.

Nuestra comarca, debido a su situación geográfica, ha recibido a lo largo de los siglos influencias y aportaciones numerosas de zonas vecinas, que se manifestaron ampliamente en la concepción carnavalesca. Por ello, a pesar de que el nacionalcatolicismo del régimen dictatorial puso un empeño sorprendente en erradicar componentes que lo definían, sus esfuerzos se revelaron más bien baldíos. Por ejemplo, se emplearon con contundencia en contra de los excesos en los asaltos de los campaneiros a las espadañas de los templos.

DULCE DE "REINETA"En el capítulo de los personajes, identificativos de lo variopinto e imaginativo de los atuendos"FLORES" DE CARNAVAL empleados y presentes en muchas y distintas localidades y en cuanto a su gran variedad, es indispensable enumerar los maranfallos de Burbia, la pedigalla de Oencia, las fachas de Sobrado o la zamarronada de dos áreas próximas (Babia y Laciana) y un largo etcétera.

EL CARNAVAL EN EL BIERZO OESTE Y ANCARES:

Ilustrativo de una constante histórica es la conservación en Oencia del reconocido “palo del entroido”. Era la representación de un espantajo, compuesto por un palo en lo alto del cual se acondicionaba con diferentes trapos y aditamentos viejos de vestuario o harapos el “entroido”. Tras ser objeto de escarnio y desprecios, era quemado ante el regocijo general.

EL BOTILLO "CURADO"En la localidad ancaresa de Burbia, todavía en los tiempos cercanos, se observan vestigios de cultura rural. Los “maranfallos” se distinguían por ir ataviados con un disfraz o máscara típica del lugar, horrenda en su expresión suma y de rasgos diabólicos o demoniacos, y con la pretensión de asustar a los más jóvenes y desprevenidos. Corrían por todos los viales de la población, lanzaban cenizas al resto de participantes, se servían del “bragallo” (testículos del cerdo sacrificado en la reciente “matanza” anual) y, con palos y zarzas a guisa de amenaza, asustaban a sus vecinos. Además se menciona otro actor o personaje genuino: “el boy”. Este intentaba parodiar la “suelta” de un buey. Durante los contados días en que este protagonista realizaba su actuación,"BIZCOCHO" DE CASTAÑAS las gentes se recluían en sus lares para narrar historias o hechos extraordinarios o fantásticos (a imitación de ciertos “filandones” relativos a creencias o cuentos anecdóticos de temática mágica y pagana).

En la capital del Bierzo, Ponferrada, se ha querido recuperar parcialmente esta clase de figuras tradicionales (a partir del análisis que, basado en las especificaciones aportadas por el escritor “racial” cacabelense D. Antonio Fernández y Morales, se ha logrado desgranar y aplicar) y se elabora un muñeco que, montado en un indispensable borrico, es paseado y se procede como colofón – al término del espectáculo festivo, descarnado e irreverente – a incinerarlo con la ayuda de las antorchas o “fachos”, previstos anticipadamente al efecto. Este ha sido el octavo año en que se ha llevado a cabo la reproducción de esta interpretación de cariz consuetudinario.

"EN EL BIERZO ALTO"Respecto al citado autor literario berciano, se han de constatar sus orientaciones e indicaciones carnavaleras y descriptivas que identificaban pormenorizadamente a los intervinientes más destacadas: seres que se regocijaban con el ruido de las carracas y otros instrumentos de uso similar, que se acondicionaban mediante unos cuernos de buey en su testuz, que se envolvían a la manera de mendigos andrajosos y harapientos y, sobre todo, que tenían vocación de transformarse en demonios (diablos o “diaños”) pintándose la faz con colores llamativos, estridentes y estrambóticos, a menudo el rojo intenso y/o sanguinolento.

EL CARNAVAL EN LA CABRERA:

En esta área, aislada en otro tiempo, estaba vigente una costumbre que – en su exageración y exaltación rústica estrafalaria – sufrió el rechazo y condena de las dignidades eclesiásticas.UN PLATO "COMPLETO"

Los “campaneiros”, no obstante, eran tolerados y aceptados (por ejemplo, en el pueblo de La Cuesta, de la municipalidad de Truchas).

Pero, en la comunidad establecida en Villar del Monte, se empleaban máscaras metálicas, lo que generaba algunas protestas. Mayor era la reticencia religiosa con los que se apodaban “trapisacos”: su falta de identificación alcanzó cotas “peligrosas”, puesto que se tapaban hasta incluso la cara por completo, se cubrían con las peores vestimentas y harapos inhabituales. Algunos, para más inri, se colocaban caretas y cuernos y, a la vez que acompañaban a los citados “campaneiros”, se colgaban campañas pequeñas, cencerros o “chocas”.

LOS FARRAMACOS DE TORENO:

"EN NOCEDA DEL BIERZO"Estos sujetos, que eran típicos de esta Villa ribereña del Sil, se distinguían por servirse de los trapos y harapos más deslucidos y raídos, buscados en los ajuares contenidos en los baúles del recuerdo. Con estos hábitos las gentes torenienses daban la bienvenida o impulso al período de euforia y desbarajuste que suponía el período carnavalero. La faz de los “famarracos” era acicalada profusamente con el hollín al uso.

Era, en otros tiempos no lejanos, frecuente contemplar además una exhibición de todas estas variedades vestimentarias atrasadas, roídas o ajadas en algunos alpendres, cobertizos o corrales de la población (como decorado en aquellos días dedicados a don Carnal).

OTROS PROTAGONISTAS DEL “ENTROIDO” EN EL BIERZO Y SUS ALEDAÑOS:

Los acontecimientos que definen el Carnaval muestran nítidamente unas raíces rurales indiscutibles, tanto por lo queLA "BICA" respecta a los materiales empleados en la confección de las figuras, máscaras, muñecos, caracterizaciones, imágenes…, como en la creación y adjudicación de los papeles desempeñados por los individuos y elementos materializados al efecto. No obstante, en el fondo, es perceptible y comprobable la confluencia de otros factores religiosos y de filosofía mundana en mayor o menor grado (con una constante alusión o visión a modo de metáfora al tiempo agrícola, anual y meteorológico repetitivo).

Según comenta Xabier Lago y otros autores es de pensar que se convertiría ciertamente en un trabajo provechoso la elaboración de una recopilación con las peculiaridades de los vestigos pretéritos que se mantienen en aldeas, normalmente alejadas o de dificultoso acceso hasta hace pocos años. Y, a manera de recuento en una colección restringida de agentes imprescindibles del “antroido”, es procedente resaltar los que se mencionan a continuación:

– La “tarasca”: vocablo traspuesto al lenguaje vulgar. Se trata de un ser que se cubre con una máscara inusualmente horrible, cuya misión es atemorizar al colectivo infantil.

– En el pueblo pintoresco de Moreda, se observa la permanencia del denominado “desfile de los maragatos”, distinguibles por llevar puestos refajos propios de mujeres y unas medias gruesas de diferente color según la pierna que protejan.

"EN PONFERRDA"Estos jóvenes, abandonada la hilera, se regocijaban en perseguir a las mozas y asustarlas ocultos tras sus máscaras de cartón.

– Los lugareños de Moreda, además, disponían de otros dos personajes esenciales: la frasca, que lanzaba ceniza a los viandantes o espectadores concurrentes; y la joroba, que lucía un apéndice de paja en su sector dorsal.

– En la misma área norteña de la comarca, justamente en San Pedro de Olleros, se combinaban tres máscaras sucesivas o simultáneamente: la vaca, el toro y la mula.

– En la población cabreiresa y pizarrera de La Baña se ven todavía máscaras que representan a un ciervo.

– En la carbonera Igüeña se conservan las máscaras que imitan el rostro particular de “maruja” o “marujo”.LA TRADICIÓN ESCRITA

– En el Alto Sil, en Salientes, se presenta la novedosa actuación de un mozo o zagal – el típico pastor de las brañas – aderezado con unos detalles graciosos y divertidos.

– En Oencia, se forma un grupo de “carantoños” que se apoderan de un jorobado muy específico: su acondicionamiento se efectúa a partir de un saco de piel de cabra rellenado con una suficiente cantidad de paja. Asimismo en Oencia se construye una “pellica” dentro de una piel de conejo. Se mulle esta bien con trapos y “farrapos” sin embadurnar y con este artilugio se golpea a toda la gente que rodea la comitiva. Y, nuevamente en esta cabecera de municipio, se pertrechan los mozos con el palo del “antroido” para colocar adecuadamente al diablo del antroido. El muñeco (meco, en gallego) se quemará en el epílogo de la serie de actos festivos.

En Lusío se iza un mástil en altura para colgar de este referente el denostado “muñeco de paja”.

En Sobrado, en la fecha indicada de martes de Carnaval, sucede toda una batalla o confrontación entre casados (buenos) y solteros (malos), moderada por un arbitro y obedeciendo a una observada reglamentación. El “encarnizado” combate es una exhibición de fuegos de artificio y antorchas y demás “artillería”. Se conoce o llama esta contienda la de las “fachas”, porque la iluminación y “agresión” del fuego no cesa en ningún instante.

LOS ZARRAMACOSTal como se subrayó al inicio de este apartado el tema de los protagonistas estelares del “antroido” berciano debería ser objeto de un interesante estudio y análisis (y si fuere antropológico, a mi entender, su validez se incrementaría exponencialmente).

LA GASTRONOMÍA BERCIANA EN EL CARNAVAL (EL “ENTROITO”):

En este aspecto, precisamente, es relevante el costumbrismo en nuestra comarca. El “entroito” era el botillo especialmente guardado para degustar durante la cena del Martes de Carnaval. Asimismo solía ser el postrero, antes del “ayuno y abstinencia” impuesto por la Cuaresma. Se refiere la observancia de esta regla en A Veiga de Valcarce, entre otros lugares del Bierzo Oeste, y relativamente en Cacabelos.

El ágape nocturno ahora citado era pantagruélico y precedía a la salida de la mocedaz para disfrutar de una noche de diversión, transgresión y descontrolada pasión.

El producto “estrella” de la matanza llevaba como guarnición la preceptiva verdura y los cachelos, más a veces chorizo, “cachola” y otras delicias del cerdo. En el banquete no faltaban los dulces caseros, pastas artesanas, ensaladas en las que se empleaban pimientos rojos en conserva y cebolla… y, ante todo, lo que se ofrecía era el buen vino del entorno y, de remate, era de ley probar en abundancia los licores de agradable aroma y cuidada elaboración y composición. Las castañas asadas, en su papel energético y completivo, eran un punto final con la finalidad de que todos quedaran satisfechos y con una sensación de hartura absoluta.

EL PONCHE:

Este brebaje reconstituyente y natural era oportuno y adaptado al tiempo de bajas temperaturas. La base era el vino tinto, al que se añadían en una jarra o recipiente para la colectividad una porción intensiva de azúcar. Se mezclaba lo antedicho y se batían casi sincrónicamente entre media y una docena yemas de huevo, previamente separando y apartando las claras. En casos a rememorar, se potenciaba nuestro ponche doméstico con el contenido algo superior a media copia de “brandy”. Sus efectos, con total seguridad, eran revitalizadores y casi curativos si se compartía con los amigos y conocidos.

LAS FILLOAS:

Son similares a las “crêpes”, tan extendidas por Europa, a pesar de que su textura y sabor las supere (teniendo en cuenta mis preferencias). Con una pasta base integrada por harina y leche, sus ingredientes accesorios pueden ser diversos (y en ello se funda la riqueza y el secretismo de las recetas de cocina). En contadas excepciones, las “filloas” se asimilaban a la sangre del cerdo, en vez de “al componente lácteo”. Entonces la palabra “filloa”, en sentido amplio, se sustituía normalmente por la de “feixó” (para evitar confusiones).

La “filloa” se tomaba endulzándola: con el azúcar corriente o, mejor, con la miel pura de abejas. Últimamente se recalientan o se aplican a una gama de otros platos, en los que son su principal atractivo.

EL ROSCÓN Y EL BIZCOCHO DE CASTAÑAS:

Son dos esencias culinarias, que se mantenían a modo de “comodines” en diferentes intervalos o celebraciones del calendario.

LAS OREJAS U “OREJONES”:

Esta creación repostera ha extendido su espectro espacial en el ámbito pastelero y es ya un común postre de consumo popular. Al ser de fácil implementación, saltó de la cocina casera o doméstica y hornos antiguos comunales a la fabricación industrial (o artesanal) a mayor escala.

                                                                             Marcelino B. Taboada